Tokenización: de proteger los pagos digitales a habilitar nuevas experiencias de compra

Stephano Jarussi, Director Comercial de Banca de Thales para Países Andinos y Caribe.

La tokenización está ampliando su papel dentro del ecosistema de pagos digitales. Lo que comenzó como una tecnología orientada principalmente a proteger los datos sensibles de las tarjetas hoy también se plantea como una capacidad para conectar billeteras digitales, comercio electrónico, dispositivos y nuevos canales de pago.

Esta evolución está llevando a las organizaciones hacia un modelo token-centric, en el que la tokenización deja de abordarse como una implementación aislada y pasa a formar parte de una estrategia más amplia para gestionar credenciales digitales, mejorar la experiencia del usuario y facilitar la incorporación de nuevos servicios.

El estudio de Forrester, que recoge la perspectiva de más de 500 líderes del sector a nivel global, muestra que la adopción avanza, aunque todavía existe una diferencia entre el uso de la tokenización para resolver necesidades específicas y la capacidad de gestionarla como una infraestructura integrada. En América Latina, el 34% de las organizaciones alcanza niveles avanzados de madurez y el 76% recurre a socios externos para determinadas capacidades relacionadas con la tokenización a escala.

Sobre esta evolución, sus implicaciones para los pagos digitales, los retos de las organizaciones y el papel que podría desempeñar la tokenización frente al comercio asistido por inteligencia artificial, Prensario TI conversó con Stephano Jarussi, Director Comercial de Banca de Thales para Países Andinos y Caribe.

¿Cómo ha evolucionado el papel de la tokenización en los pagos digitales y por qué está pasando de ser principalmente una herramienta de seguridad a convertirse en una infraestructura para la innovación?

Stephano Jarussi: La tokenización nació con el objetivo de proteger la información sensible de pago sustituyendo los datos reales de una tarjeta por un token que pueda utilizarse de forma segura dentro de un contexto determinado. Esa función sigue siendo fundamental, pero hoy el alcance es mucho mayor.

A medida que los pagos se distribuyen entre aplicaciones, billeteras digitales, comercio electrónico, dispositivos y nuevos canales, el token empieza a convertirse en una credencial que permite conectar esas experiencias de una manera más segura y consistente.

Por eso hablamos de evolucionar hacia un modelo token-centric, en el cual no se trata simplemente de agregar tokenización a determinados procesos, sino de utilizarla como una capacidad transversal dentro de la estrategia de pagos.

Ese cambio es importante porque permite combinar seguridad con una mejor experiencia para el usuario, mayor control sobre el ciclo de vida de las credenciales y capacidad para incorporar nuevos servicios sin tener que resolver cada canal de manera independiente. La tokenización deja de ser únicamente una herramienta de protección y empieza a convertirse en una base para innovar.

El estudio de Forrester recoge la perspectiva de más de 500 líderes del sector a nivel global. ¿Cuáles son los principales hallazgos que muestran cómo está cambiando la percepción y adopción de la tokenización?

SJ: Hay una conclusión particularmente interesante y es que existe una diferencia entre la ambición de las organizaciones y el nivel de madurez que han alcanzado. El estudio muestra que la tokenización se está adoptando rápidamente y que cada vez se reconoce más su valor para la innovación y la experiencia del cliente, pero muchas implementaciones siguen respondiendo a necesidades puntuales, como reducir fraude, mejorar las autorizaciones o cumplir requisitos regulatorios.

En América Latina vemos esa misma tensión. Hay una adopción importante, pero todavía existe una brecha entre la implementación de la tokenización y una estrategia verdaderamente token-centric. Según el estudio, el 34% de las organizaciones de la región alcanza niveles avanzados de madurez.

Otro dato revelador es que el 76% recurre a socios externos para determinadas capacidades relacionadas con la tokenización a escala. Esto muestra que ya no se trata únicamente de si una organización debe tokenizar, sino de cómo integrar, administrar y escalar esa capacidad dentro de una estrategia de pagos más amplia.

¿Qué tan maduras están actualmente las organizaciones en materia de tokenización y cuáles son las principales brechas que todavía enfrentan para aprovecharla de manera más amplia?

SJ: La adopción ha avanzado más rápido que la madurez. Muchas organizaciones ya utilizan tokenización, pero eso no significa necesariamente que tengan una estrategia verdaderamente centrada en tokens. El reto está en pasar de implementaciones individuales a una capacidad integrada que pueda escalar entre canales, proveedores y casos de uso.

Uno de los principales retos es la fragmentación. Una organización puede tener tokenización para una billetera, otra implementación para comercio electrónico y diferentes procesos para otros canales. El punto es que cada caso puede funcionar bien de manera independiente, pero el verdadero salto ocurre cuando esas capacidades se administran de forma coherente.

El estudio también identifica barreras concretas, entre ellas la calidad de los datos, la disponibilidad de talento especializado y la convivencia con sistemas legacy. Por eso la madurez no debería medirse simplemente por cuántos casos de uso tiene una organización, sino por su capacidad para gestionarlos de manera integrada, escalable y alineada con su estrategia de pagos.

¿Qué papel tienen los modelos híbridos de tokenización para que bancos, fintech, comercios y otros actores puedan escalar estas capacidades sin tener que transformar por completo su infraestructura existente?

SJ: Ese es precisamente uno de los hallazgos más relevantes del estudio. Los modelos híbridos se están consolidando porque permiten mantener internamente aquellas capacidades sobre las que una organización quiere conservar control y, al mismo tiempo, apoyarse en especialistas para funciones que requieren mayor escala, integración o conocimiento específico.

Esto resulta especialmente importante porque evolucionar hacia un modelo centrado en tokens no debería significar reemplazar de un día para otro toda la infraestructura existente. El objetivo es poder conectar lo que ya funciona con nuevas capacidades y avanzar progresivamente.

En este contexto, Thales trabaja con arquitecturas modulares y APIs que permiten integrar nuevas capacidades con la infraestructura existente. Esa flexibilidad es clave: la innovación en pagos debe permitir evolucionar sin convertir cada nueva funcionalidad en un proyecto de transformación completa.

Más allá de la seguridad y la protección de los datos de pago, ¿cómo puede la tokenización contribuir a mejorar la eficiencia operativa y la experiencia del usuario?

SJ: Un buen ejemplo está en algo tan cotidiano como pagar por Internet. Cada paso adicional, como buscar la tarjeta, introducir los datos o repetir información, genera fricción. Con experiencias como Click to Pay, basadas en el uso de credenciales digitales y tokenización, el consumidor puede completar sus compras con menos pasos y sin tener que introducir manualmente los datos completos de su tarjeta en cada transacción.

Pero el beneficio no termina en la experiencia. Para los emisores, administrar de manera más integrada el aprovisionamiento y el ciclo de vida de esas credenciales ayuda a reducir la complejidad que supone operar múltiples canales y servicios por separado.

Lo interesante es que seguridad y experiencia dejan de ser objetivos contrapuestos. Una tokenización bien integrada puede proteger las credenciales mientras hace que el pago sea más sencillo. En última instancia, la mejor seguridad es aquella que cumple su función sin convertirse en un obstáculo para el usuario.

¿Cómo está impactando la tokenización la aparición de nuevas formas de pago y la necesidad de ofrecer experiencias más rápidas, integradas y prácticamente invisibles para el consumidor?

SJ: La tokenización es uno de los elementos que hace posibles muchas de esas experiencias. Una misma cuenta puede utilizarse en diferentes entornos sin necesidad de exponer permanentemente la credencial original, y los tokens pueden estar asociados a contextos específicos como un dispositivo, una aplicación o un comercio.

Esto permite experiencias como billeteras digitales y Click to Pay y, combinada con mecanismos de autenticación como payment passkeys, puede reducir pasos visibles durante el proceso de compra.

Estamos avanzando hacia un escenario en el que el consumidor espera que pagar sea casi parte natural de la experiencia, no una interrupción de ella. La complejidad no desaparece y lo que ocurre es que se gestiona detrás de la experiencia. Para bancos y proveedores de pagos, el reto es precisamente lograr que esa simplicidad para el cliente esté respaldada por una infraestructura segura y capaz de operar a escala.

¿Qué cambios introduce la inteligencia artificial en este escenario? ¿Cómo podrían combinarse IA y tokenización para transformar la manera en que se autorizan, procesan y protegen las transacciones?

SJ: La inteligencia artificial introduce un cambio interesante porque empezamos a pensar en escenarios en los que no siempre será una persona quien interactúe directamente con cada etapa de una compra. Podemos tener agentes que ayuden a buscar, comparar o gestionar una transacción en nombre del usuario.

Eso plantea nuevas preguntas para la infraestructura de pagos: ¿qué credencial puede utilizar ese agente?, ¿para qué transacción?, ¿bajo qué condiciones y con qué nivel de autorización?

Aquí la tokenización puede desempeñar un papel relevante porque permite trabajar con credenciales digitales sin entregar la información original de pago. La evolución hacia modelos centrados en tokens ofrece, por tanto, una base sobre la cual el ecosistema puede prepararse para formas de comercio cada vez más automatizadas.

Es importante, sin embargo, distinguir entre esa evolución y la realidad actual. El comercio agéntico todavía está desarrollando sus modelos, reglas y estándares. Lo que sí podemos hacer hoy es construir una infraestructura de pagos suficientemente flexible, segura y escalable para estar preparados a medida que esos nuevos modelos maduren.

El comercio asistido por IA plantea nuevos escenarios en los que un agente podría realizar una compra en nombre de un usuario. ¿Qué papel tendría la tokenización para hacer posible este tipo de transacciones de forma segura?

SJ: La pregunta fundamental sería cómo permitir que un agente realice una acción autorizada sin tener acceso abierto a las credenciales financieras del usuario. Y ahí es donde el concepto de tokenización cobra especial relevancia.

Un token sustituye la credencial original y puede estar vinculado a un contexto específico. Esa característica ofrece una base tecnológica muy interesante para un mundo en el que las transacciones puedan involucrar no solo a consumidores y comercios, sino también a agentes digitales.

El desafío será garantizar que exista control sobre quién puede utilizar una credencial, en qué contexto y bajo qué condiciones. Por eso, para nosotros, prepararse para el comercio asistido por IA no significa simplemente incorporar inteligencia artificial. Significa contar con una arquitectura de pagos capaz de gestionar credenciales digitales de forma segura y consistente. La tokenización es una pieza importante de esa arquitectura.

Desde la perspectiva de América Latina y particularmente de Colombia, ¿qué oportunidades y retos identifica para acelerar la adopción de la tokenización en el ecosistema de pagos?

SJ: En América Latina existe una combinación especialmente favorable con más de 300 millones de consumidores digitales, un fuerte protagonismo del móvil y una rápida evolución de los pagos digitales. Además, estamos viendo crecer billeteras digitales, comercio electrónico y sistemas de pagos inmediatos, con ejemplos como Pix en Brasil y Bre-B en Colombia.

Eso crea una oportunidad muy importante para la tokenización, porque cuantos más canales y experiencias digitales existen, mayor es la necesidad de gestionar las credenciales de pago de manera segura y consistente.

El reto está en evitar que ese crecimiento genere más fragmentación. En Colombia, como en el resto de la región, la oportunidad está en que bancos y demás actores del ecosistema puedan conectar las capacidades que ya tienen y evolucionar progresivamente hacia una estrategia más integrada. No se trata de empezar de cero, sino de lograr que la tokenización acompañe la evolución del ecosistema de pagos y pueda escalar con él.

Mirando hacia los próximos años, ¿qué nuevas aplicaciones de la tokenización podrían transformar los pagos digitales y qué deberían estar haciendo desde ahora las organizaciones para prepararse?

SJ: Más que intentar predecir un único caso de uso, lo importante es observar hacia dónde se está moviendo el ecosistema. Estamos viendo crecer las billeteras digitales, los pagos embebidos, experiencias como Click to Pay y formas de autenticación que buscan hacer el pago cada vez menos visible para el usuario. Al mismo tiempo, empieza a desarrollarse una nueva conversación alrededor del comercio asistido por inteligencia artificial.

Todos esos escenarios tienen algo en común: requieren gestionar credenciales digitales de manera segura, consistente y a gran escala.

Por eso, la prioridad para las organizaciones debería ser pasar de proyectos aislados de tokenización a una visión más estratégica. Eso implica revisar cómo administran hoy sus tokens, cómo conectan los distintos canales, qué capacidades mantienen internamente y en cuáles necesitan apoyarse en socios especializados.

No se trata de implementar tecnología pensando únicamente en el próximo medio de pago. Se trata de construir una base suficientemente flexible para incorporar lo que venga después. La tokenización puede ser precisamente ese puente entre los pagos que conocemos hoy y las experiencias digitales que todavía están empezando a desarrollarse.

Esta conversación deja como punto central que la evolución de la tokenización no está únicamente relacionada con proteger los datos de pago. Su alcance se extiende hacia la gestión de credenciales digitales y la capacidad de conectar diferentes experiencias de pago, mientras las organizaciones buscan incorporar nuevos canales sin tener que reconstruir por completo sus infraestructuras.

Para América Latina y Colombia, donde continúan creciendo las billeteras digitales, el comercio electrónico y los sistemas de pagos inmediatos, el desafío estará en acompañar ese crecimiento con arquitecturas que puedan integrarse, escalar y responder a nuevos modelos de interacción. La llegada de la inteligencia artificial agrega otra variable: preparar la infraestructura para transacciones en las que también puedan participar agentes digitales.

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