Ataques de ransomware se disparan un 236 % y acorralan a las medianas empresas: advierte TrendAI™

El Cyber Risk Report 2026 de TrendAI™ revela que la vulnerabilidad en la gestión de identidades y la respuesta reactiva amenazan la reciente mejoría en la protección digital corporativa.

La seguridad digital en el ámbito corporativo registró una leve mejoría por segundo año consecutivo, situando el índice promedio de riesgo global en 35,8 puntos, según el Cyber Risk Report 2026 de TrendAI™. Sin embargo, los constantes cambios en las mediciones revelan que la mayoría de las organizaciones continúan operando bajo esquemas puramente reactivos. Esta volatilidad evidencia que el entorno empresarial aún carece de procesos defensivos sostenibles y optimizados en el tiempo.

La rápida transformación digital y la migración hacia infraestructuras en la nube han expandido la superficie de ataque de las organizaciones a escala global. En un entorno donde las amenazas informáticas evolucionan en complejidad, medir la exposición a incidentes se convirtió en una prioridad estratégica para las juntas directivas. Bajo este escenario, los indicadores recientes sobre protección corporativa permiten evaluar si los presupuestos de defensa están dando resultados reales dentro de las compañías.

Ignacio Triana, director de tecnología de TrendAI™ afirmó: ‘las empresas suelen asumir que la ciberseguridad se resuelve adquiriendo más tecnología, pero el verdadero desafío está en migrar hacia un modelo de gestión proactiva del ciberriesgo. El segmento mediano se ha transformado en el blanco preferido porque combina redes sumamente complejas con equipos de respuesta limitados. Si no se corrigen las fallas básicas de configuración e identidad, cualquier inversión en infraestructura defensiva resultará insuficiente ante los ataques modernos’.

Las medianas empresas, con nóminas de entre 5.000 y 10.000 empleados, se convirtieron en el eslabón más frágil del sistema al alcanzar una puntuación de riesgo de 41,5. Este sector sufre un número creciente de incursiones debido a la acelerada adopción de herramientas tecnológicas sin el debido acompañamiento de controles estrictos. En contraste, las grandes corporaciones lograron mitigar su nivel de exposición mediante la centralización y madurez de sus programas de ciberdefensa.

Ransomware y fallas de identidad: los frentes más críticos de la amenaza

El panorama de amenazas enfrentó un dramático crecimiento del 236% en ataques confirmados de ransomware, superando los 5.000 casos registrados por grupos criminales. Los atacantes redefinieron su estrategia táctica al priorizar la desactivación directa de las herramientas antivirus como su primer paso operativo. Esta maniobra busca cegar los controles del sistema antes de ejecutar la extracción masiva de credenciales o el secuestro de la información.

La gestión de accesos e identidades en la nube se consolidó como la mayor vulnerabilidad estructural, representando siete de los diez principales riesgos detectados. Cuentas inactivas y sistemas con autenticación de múltiples factores desactivada continúan siendo el vector de entrada preferido por los intrusos. La persistencia de estas brechas demuestra que el problema de fondo no es la falta de herramientas, sino la deficiente ejecución en la administración de credenciales.

Por otro lado, los ciberdelincuentes tardan en promedio apenas 39 días en explotar las vulnerabilidades del software tras su divulgación pública. A pesar de que el parcheo virtual otorga un margen de ventaja defensiva de hasta 115 días, un alto porcentaje de organizaciones ignora estas actualizaciones clave. La combinación desatendida de fallas de severidad baja y alta termina articulando rutas completas para la toma de control de la infraestructura empresarial.

Frente a esta realidad, la transición hacia un modelo de gestión proactiva del ciberriesgo se posiciona como el camino indispensable para garantizar la resiliencia operativa. La distancia entre la sofisticación del crimen organizado y la capacidad defensiva de las compañías ya no se mide por la cantidad de software instalado, sino por la velocidad de anticipación. Únicamente aquellas organizaciones que logren identificar sus debilidades críticas antes que los atacantes podrán asegurar la continuidad de sus negocios en el entorno digital.

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